Hace unos 10.000 años ocurrieron ciertos descubrimientos que cambiaron profundamente el estilo de vida de la humanidad. Este proceso se conoce como la revolución agrícola.

Desde su origen los homínidos habían dependido de la caza, la pesca, y de la recolección de alimentos silvestres para poder sobrevivir. La cantidad de comida que podían obtener dependía fuertemente del estado de su entorno, y dado que una porción de tierra no podía sustentar a muchas personas, los humanos tuvieron que dispersarse por todo el planeta en busca de alimentos.
Todo esto cambió cuando nuestros ancestros comenzaron a cultivar plantas y domesticar animales. En vez de buscar lo que la naturaleza ofrecía, los humanos aprendieron a dominar su ambiente para producir sus propios alimentos.
Este avance tecnológico cambió radicalmente el estilo de vida de los humanos. Los que se dedicaron al pastoreo pasaron a vivir viajando de un lado a otro en busca de pasto, por lo que eran nómades, pero también comenzaron a surgir asentamientos permanentes, es decir, grupos sedentarios. Estos últimos constituyeron el origen de la civilización. Con la revolución agrícola aumentó la cantidad de alimentos disponibles, por lo que también aumento la cantidad de población a nivel mundial.
Cada lugar tenía sus propios cultivos. En diferentes partes del mundo se solían plantar granos tales como el trigo, el arroz, y el maíz. Entre los animales salvajes que fueron domesticados se encontraron las vacas, los cerdos y las gallinas. Las cabras, por ejemplo, eran utilizadas para obtener carne y leche.
La revolución agrícola alivió la vida de los antiguos humanos al ofrecerles la oportunidad de producir sus propios alimentos.
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