Los Revolucionarios Establecen una Monarquía Constitucional



Luego de que el rey francés fuera forzado a residir en París, la Asamblea Nacional se dedicó a escribir una nueva constitución, una tarea que llevaría dos años.

Para 1791 el texto final estaba listo. El nuevo sistema de gobierno preservaba la monarquía pero limitando los poderes del rey. Además establecía una legislatura cuyos miembros serían elegidos por el pueblo. Para evitar la vuelta del despotismo, la nueva constitución también establecía que todos los gobernantes estarían sujetos a las leyes.

En el aspecto social, la constitución garantizó la igualdad de derechos a todos los hombres. Todo ciudadano podía votar, pero pagando previamente un impuesto.

Otro cambio importante se dio en el ámbito religioso. Las tierras que eran propiedad de la Iglesia Católica fueron confiscadas y vendidas para saldar las deudas que tenía el país. Además los revolucionarios le exigieron a los miembros del clero que juraran lealtad al gobierno francés, y determinaron que desde ese entonces todos los curas serían elegidos por las parroquias locales, y no por la Iglesia.

El Papa Pío VI tomó esto con desagrado y expresó su oposición a la revolución francesa.



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